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¿Son compatibles proteínas y sostenibilidad?

Un informe recientemente publicado por iPES-Food aborda este debate, sus problemas y soluciones
Detalle de la portada del informe

Los animales siguen desempeñando un importante papel en los sistemas de producción alimentaria de todo el planeta. La ganadería contribuye al sustento de 1.700 millones de pequeños agricultores en los países del Sur y desempeña un papel económico crucial para aproximadamente el 60 % de los hogares rurales en los países en desarrollo. Además, el sector da empleo a 4 millones de personas en la UE. Por su lado, la pesca y la acuicultura proporcionan sustento a casi 60 millones de personas en todo el mundo, y más de 3.000 millones de personas dependen del pescado como fuente primaria de proteínas.

A nivel mundial, el consumo per cápita de carne y pescado estuvo cerca de duplicarse entre 1961 y 2015, tendencia impulsada principalmente por los países del Norte. El sector ganadero representa actualmente entre el 40 % y el 50 % del PIB agropecuario global y se caracteriza cada vez más por la presencia de grandes empresas multinacionales con una enorme cuota del mercado y gran influencia política.

Pero los alimentos de origen animal están sometidos a un escrutinio sin precedentes, debido a la superación de los «límites planetarios», la aceleración de la crisis climática y las amenazas a la seguridad alimentaria y la salud de los seres humanos. La opinión pública ha tomado conciencia de estos problemas y los gobiernos reconocen que es urgente actuar al respecto.

El Panel  Internacional de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles –iPES FOOD– ha elaborado un informe titulado Proteínas y política: Mitos y realidades sobre la carne, el pescado, las “proteínas alternativas” y la sostenibilidad, donde han identificado ocho cuestiones clave a partir de las cuales están fijándose los términos del debate e impulsado la búsqueda de respuestas.

Los problemas están vinculados con los límites de los suministros, los impactos sobre la salud, los impactos sobre la sostenibilidad y los obstáculos para la transformación. Señala que en el debate se presentan aseveraciones engañosas y las generalizaciones excesivas que fomentan un debate que estrecha las miras en cinco aspectos clave: el excesivo protagonismo de las proteínas, reducir la sostenibilidad a los gases de efecto invernadero, no tomar en consideración cómo se producen los alimentos, no diferenciar entre diferentes regiones y no detenerse en las complejidades del problema. Esto conduce a propuestas simplistas y «soluciones milagro».

El informe presenta una serie de recomendaciones cuyo objetivo es replantear el debate, dejar atrás la polarización y fijar el marco y las condiciones necesarias para poner en práctica vías de reforma de verdadero cambio:

  • Cambiar el enfoque y pasar de una “transición proteica” a una transición hacia un sistema alimentario sostenible regido por políticas alimentarias sostenibles.
  • Priorizar las vías de reforma que cumplan con la sostenibilidad en todos sus aspectos, empezando por lo territorial (“medir lo que importa, donde importa”)
  • Recuperar los recursos públicos invertidos en el “sector de la proteína”, realinear las vías de innovación con el bien común y replantear el debate.

En conclusión, el debate en cuestión seguirá muchos años; entretanto, continuarán multiplicándose los retos de sostenibilidad y chocando entre sí las distintas opiniones sobre el futuro de los sistemas alimentarios. El análisis y las recomendaciones expuestas en el informe son herramientas que pueden utilizarse para dar sentido a los distintos planteamientos a medida que estos evolucionan.