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Migración, agricultura y desarrollo rural

Un informe de la FAO analiza los movimientos migratorios para poder afrontar los retos y oportunidades que presentan
Detalle de la portada del informe SOFA 2018

La FAO  analiza la migración mundial en su informe “El estado mundial de la agricultura y la alimentación. Migración, agricultura y desarrollo rural”.

La migración, tal y como se señala en el informe, es parte del desarrollo económico, social y humano y es un medio para reducir las desigualdades tanto dentro de los países como entre ellos. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas reconoce la importancia de la migración para reducir la desigualdad. En diferentes momentos todos los países son zonas de origen, tránsito o destino, o incluso una combinación de las tres.

Normalmente el asunto de la migración se vincula siempre a aspectos negativos, pero para mantener un debate más realista es necesario comprender qué es la migración, cuál es su magnitud,  cuáles son sus causas y sus consecuencias, de manera que podamos responder mejor a los retos que se den.

La migración surge por la desigualdad de oportunidades. Las diferencias de productividad, salarios y oportunidades de empleo impulsan la migración, de manera que las personas puedan  acceder a una mejor calidad de vida. Es un fenómeno complejo, que puede ir desde la migración voluntaria hasta la forzosa ocasionada por conflictos o catástrofes. En 2016 unos 66 millones de personas se vieron obligadas a desplazarse en todo el  mundo como resultado de la persecución, la violencia generalizada y la violación de los derechos humanos. Esta realidad es muy grave y necesita un esfuerzo de la comunidad internacional que aborde las causas  y fomente la resiliencia de las poblaciones de origen.

En el informe no solo se analiza la migración internacional sino que también se habla de la migración dentro de los países, ya que la migración interna es mucho mayor que la internacional. Otro de los aspectos que señala el trabajo es que la magnitud de la migración entre países en desarrollo es tan elevada como la que se produce desde los países en desarrollo a los países desarrollados. Y aunque puede resultar sorprendente, el 85% de las personas refugiadas son acogidas por países en desarrollo.

Se pone especial atención a la migración rural -desde, hacia o entre zonas rurales-, un tipo de migración cuantiosa tanto a nivel interno como internacional. La migración rural —en particular, la emigración— puede tener profundos efectos en el desarrollo rural, la seguridad alimentaria, la nutrición y la pobreza. Las repercusiones de la migración se generan a través de tres canales principales. En primer lugar, el hecho de que se haya ido una persona afecta al grupo familiar que esta abandona, debido a la pérdida de mano de obra y los cambios resultantes en la composición del grupo familiar, así como a los mercados de mano de obra rural. En segundo lugar, las remesas que envían los migrantes pueden afectar las modalidades de consumo y los medios de vida de las comunidades rurales de origen. En tercer lugar, también pueden existir transferencias no monetarias, que a menudo se denominan “remesas sociales”, ideas, aptitudes y nuevos modelos sociales que los migrantes transmiten o llevan a su lugar de origen cuando regresan.

La migración presenta oportunidades, dificultades, beneficios y costos para los migrantes y para las sociedades en general.  Los costos de la migración no son solo económicos, sino también psicológicos,  sociales y culturales. Los efectos en los grupos de los migrantes y en los países de destino pueden ser negativos o positivos, según la forma de migración, las características de los migrantes y el contexto de migración. Así, por ejemplo, para muchos países desarrollados que experimentan la despoblación de las zonas rurales, los migrantes internacionales pueden contribuir al desarrollo de las zonas rurales colmando la escasez de mano de obra en la agricultura.

La migración conlleva una serie de retos. Aquéllos que se encargan de elaborar las políticas deben maximizar los beneficios de estos movimientos. Más allá del caso de la migración forzosa, no se debe considerar la migración como un problema,  en ese sentido las políticas no deberían tener la finalidad de contenerla o promoverla. El objetivo es que sea una opción, no una necesidad.