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La importancia de valorar el impacto del desperdicio de alimentos en nuestro sistema alimentario

El informe anual de la FAO sobre El Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación evalúa con detenimiento el problema del desperdicio alimentario
detalle de la portada del informe

Coincidiendo con el Día Mundial de la Alimentación, que se celebra el 16 de octubre, la FAO ha publicado el informe El Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación, que este año se centra en los Progresos en la lucha contra la pérdida y el desperdicio de alimentos.

Hasta hace poco el problema del desperdicio de alimentos no ha sido un tema considerado con la importancia que merece. Es ahora cuando el mundo empieza a prestar atención a una cuestión que estaba invisibilizada. La Agenda 2030 toma en especial consideración el asunto del desperdicio, proponiendo la meta 12.3 que marca “reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita mundial en la venta al por menor y a nivel de los consumidores y la reducción de las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y suministro, incluidas las pérdidas posteriores a la cosecha”. Numerosos países ya están tomando medidas encaminadas a reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, pero siguen existiendo importantes desafíos para el futuro, por lo que es necesario que los esfuerzos se intensifiquen.

El informe plantea que, antes de nada, debemos conocer los datos sobre el desperdicio: qué cantidad, dónde y por qué.  En segundo lugar se necesitan razones y objetivos para reducir el desperdicio y las pérdidas, ya sea por seguridad alimentaria o por impacto medioambiental. En tercer lugar debemos conocer de qué manera se produce la pérdida y el desperdicio y las medidas para evitarlo, que afectarán a los objetivos que deseamos conseguir.

Sorprendentemente, todavía sabemos muy poco sobre la realidad del desperdicio, la cantidad, dónde y por qué, tal y como se asegura en este informe. El primer estudio sobre esta cuestión data del 2011, cuando la FAO estimó que una tercera parte de los alimentos se perdían o desperdiciaban, un cálculo aproximado. Esta estimación sigue en uso a falta de otros análisis, pero actualmente está en proceso de ser reemplazada por dos índices, gracias a los esfuerzos de la FAO y ONU-Medio Ambiente, para estimar de forma más minuciosa y precisa qué cantidad de alimentos se pierden y desperdician. Las variaciones en los niveles del desperdicio y pérdidas de alimentos nos indican dónde debemos intervenir.

Existe un argumento gradual para justificar la necesidad de actuar, un argumento que comienza con la justificación comercial. Los incentivos y la información adecuada pueden alentar al sector privado a reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos en su propio beneficio, que podrá revertir más beneficios para la sociedad en general. La justificación más amplia incluye logros que puede obtener la sociedad, como son la mejora de la seguridad alimentaria o la protección del medio ambiente, aunque el vínculo entre perdidas de alimentos, seguridad alimentaria e impacto en medio ambiente es complejo. Para mantener un margen de seguridad con objeto de garantizar la estabilidad alimentaria, es necesario que se pierda o desperdicie cierta cantidad de alimentos. Al mismo tiempo, garantizar la inocuidad alimentaria supone descartar los alimentos nocivos. Las mejoras en seguridad alimentaria se pueden conseguir de mayor forma cuando prestamos atención a las primeras etapas del suministro, en particular en la explotación agrícola en los países con elevados niveles de inseguridad alimentaria. 

Lo que busca este trabajo es conocer más a fondo las diferentes cuestiones y focalizar en qué ámbitos se debe trabajar, además  de comprender más a fondo ciertos temas, mejorando los datos y análisis. El informe está  dirigido a los responsables políticos y pretende contribuir al debate sobre la forma más efectiva de hacer frente al problema de la pérdida y el desperdicio de alimentos.